Cayendo el duro crepúsculo me dí cuenta de que sobraban palabras para hablar de cosechas pérdidas; de como baja la hacienda en la verde comarca; de nocturnidades bolichescas y bolchevichescas; de bolcheviches checas o bolcheviches chetas ( raza que aflora en los barrios de Palermo y Villa Crespo); de mí madre y de mí padre; y de tantos otros modismos gorilismos y peronismos. Me imbuí en lo que intuía sería una empresa lucrativa: sacar la tierra de las negras uñas.
Giré el pomo de la puerta, me golpeó un mozo que me obstruía el camino y la ira infundida por tal desacato a las buenas costumbres me obligo a tensar la cara y fruncir el entrecejo en un intento de soslayar todo su ser pero al punto la expresión tuve que dulcificar, la fiera se había erguido 20 centímetros por sobre mi pequeñez exhibiendo una víscera nike sobre su ridícula cabeza, una mochila con el número 25 formando una suerte de lengua, y unas zapatillas óptimas para una caminata lunar.
No se produjeron más enfrentamientos en el camino hasta el lavamanos. Tomé una pastilla de jabón, la sostuvé en el cuenco de la mano derecha y lo desgarré con la izquierda, me detuve solo al constatar que el jabón había penetrado ese sensual espacio infinitesimal en que la carne del anular se hace hueso. Repetí el proceso con el otro costado, aunque no del mismo modo debido a las inconsistencias de la simetría; mientras el espejo devolvía reminiscencias neblinosas del mí actuar anterior.
Incluso los sueños tienen imperfecciones ¿ Acaso nosotros no lo somos? Resultado de las noches malsanas, de opio y marihuana, de aquel maldito demiurgo y empedernido jugador de ajedrez ( o echécs como dicen en francés). Y hablando así corro el riesgo de ser borrado y terminar en esa roja pesadilla eterna, en ese baldío extenso.Al final somos todos lo mismo.
viernes, 24 de julio de 2009
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